En los últimos años se habla cada vez más de relaciones liberales, abiertas o poliamorosas. Palabras como poliamor, relación abierta, BDSM o ambiente liberal despiertan curiosidad, interés y, a la vez, generan rechazo y debate; según la socióloga Cecilia Bizzoto, estas sexualidades disidentes siguen rodeadas de tabúes, tópicos y estigmas. No obstante, la realidad social empieza a cambiar: una encuesta del CIS publicada en 2023 reveló que el 41,4 % de los españoles está de acuerdo en permitir relaciones sexuales fuera de la pareja previo acuerdo y que el 47,4 % considera posible mantener varias relaciones afectivo‑sexuales simultáneamente. Aun así, los estereotipos pesan. Este artículo desmitifica algunas creencias comunes sobre el mundo liberal y analiza el estigma social que persiste.

Mito 1: “Una relación abierta es lo mismo que infidelidad”

Muchas personas reducen el amor liberal a la infidelidad o a la falta de compromiso. Esta confusión se alimenta de la idea de que mantener encuentros con otras personas equivale a traicionar a la pareja. La psicoterapeuta Nilda Chiaraviglio recuerda que, históricamente, las relaciones abiertas han sido vistas como signos de infidelidad y falta de madurez. La realidad es distinta: la infidelidad implica mentir y ocultar un compromiso previo, mientras que una relación abierta se basa en la honestidad y en acuerdos consensuados entre todos los implicados. Participar en una relación liberal no equivale a engañar, sino a negociar un marco en el que cada persona puede explorar otras conexiones con el conocimiento y consentimiento de su pareja principal.

Mito 2: “Las reglas deben ser iguales para todos”

Otra creencia extendida es que, para ser justa, una relación abierta necesita acuerdos idénticos para las partes. Según Chiaraviglio, es un error confundir igualdad con simetría. En una relación abierta cada miembro tiene el mismo derecho a consentir y ser escuchado, pero los límites y acuerdos pueden adaptarse a las necesidades particulares de cada quien. Algunas parejas acuerdan no dormir fuera de casa, otras prefieren no llevar a terceras personas a la cama compartida; hay quienes establecen tiempos o límites sobre la frecuencia de los encuentros. Lo importante es que todas las reglas sean negociadas de manera equitativa y respeten los deseos y límites de cada participante.

Mito 3: “Las personas en relaciones liberales son promiscuas y evitan el compromiso”

El prejuicio de que quienes practican la no‑monogamia consensuada son “promiscuos”, egoístas o inmaduros atraviesa muchas conversaciones. Chiaraviglio puntualiza que las relaciones abiertas cuestionan el mito de la “media naranja”: no pretenden que una sola persona satisfaga todas las necesidades emocionales y sexuales, sino que abren la posibilidad de explorar dinámicas diversas. Además, la intimidad y el compromiso no dependen de la exclusividad; las relaciones monógamas y no monógamas requieren el mismo nivel de honestidad, vulnerabilidad y vínculo emocional. La psicóloga enfatiza que todos los estilos de relación son válidos y que no debemos juzgar las elecciones de otras personas.

El estigma se agrava para quienes no tienen pareja principal. En la cultura monógama, la sociedad asume que estar soltero significa estar en búsqueda de pareja; salirse de ese esquema, como ocurre con la polisoltería o con quienes practican el poliamor sin pareja de referencia, conlleva discriminación. La educadora Natalia Hilario explica que los espacios públicos y las ofertas están pensados para parejas, lo que deja a las personas sin pareja en un lugar marginal. Abundan estereotipos: se tacha a las personas solteras de “promiscuas”, egoístas, inmaduras o con miedo a la intimidad. Esta presión social lleva a muchos a sentirse defectuosos si no se ajustan al modelo tradicional de pareja.

Mito 4: “Las relaciones abiertas terminan en ruptura y son menos satisfactorias”

Otra idea frecuente es que las relaciones no monógamas están abocadas al fracaso o proporcionan menos bienestar que la monogamia. Sin embargo, la evidencia científica reciente desmonta este mito. Un meta‑análisis publicado en 2026, que revisó 35 estudios con 24 489 participantes, comparó la satisfacción relacional y sexual de personas en relaciones monógamas con quienes practican la no monogamia consensuada. Los resultados muestran que no existe una diferencia significativa: la gente en relaciones abiertas, poliamor o swinging presenta niveles de satisfacción similares a los de las parejas monógamas. El autor principal del estudio, Joel R. Anderson, destaca que el análisis no halló evidencia de que la monogamia sea intrínsecamente superior; las diferencias observadas fueron prácticamente nulas. De hecho, algunas submuestras –como personas swingers o poliamorosas– reportaron incluso una ligera mayor satisfacción sexual. Esto sugiere que la calidad de una relación depende más de la comunicación, el consentimiento y la compatibilidad que de la estructura relacional.

Mito 5: “Se trata solo de sexo y no hay control”

Muchos creen que las relaciones abiertas son un “vale todo” sexual. La realidad es que estos acuerdos exigen más diálogo y trabajo emocional que una relación monógama. Practicar la no monogamia implica definir límites, gestionar celos y revisar las propias inseguridades. La psicóloga Bárbara Zorrilla aconseja hacer un ejercicio de autoanálisis para entender el origen de los celos y comunicar lo que se siente; hablar y racionalizar los miedos ayuda a reducir su intensidad y evita que se conviertan en sufrimiento. Además, abrir la relación puede aportar beneficios: sentirse más libre, explorar la sexualidad, reforzar el compromiso y fomentar la independencia afectiva. Sin embargo, la especialista advierte que hacerlo por miedo a perder a la pareja o por complacer al otro puede aumentar la inseguridad y acabar en ruptura. Por ello, la base sigue siendo la comunicación, el consentimiento y el cuidado mutuo.

Estigma social y desconocimiento

A pesar de la creciente visibilidad, los prejuicios sobre las relaciones no monógamas se propagan con facilidad. Bizzoto recuerda que los tópicos y estigmas rodean a las sexualidades disidentes. Muchas opiniones negativas surgen de la ignorancia: acercarse a estas realidades permite comprender qué implican y desmontar los fantasmas. Hilario subraya que la cultura de la pareja está tan interiorizada que incluso las personas que practican la no monogamia asumen que la mayoría quiere una relación principal. Esto deja poco espacio para quienes desean vínculos múltiples o polisoltería. Para luchar contra el estigma es necesario visibilizar la diversidad relacional y reconocer que ninguna fórmula es universal.

Conclusión

El mundo liberal es heterogéneo: incluye desde parejas swingers que comparten encuentros sexuales hasta relaciones abiertas con acuerdos diferentes, poliamor, anarquía relacional y personas que viven sin pareja principal. Todas estas opciones desafían la monogamia normativa y, por ello, enfrentan mitos y estigmas. Como muestran los estudios, renunciar a la exclusividad no disminuye la satisfacción ni la calidad de las relaciones; lo que importa es la honestidad, el respeto y la comunicación. Abrir la mente a otras formas de vincularse no solo permite disfrutar de la sexualidad con mayor libertad, sino que también nos enseña a construir vínculos más éticos y conscientes.

Por Aurora Campos

Aurora Campos es psicóloga, especializada en sexología y relaciones afectivas. Cuenta con doctorado en Psicología y un máster de especialización en Sexología Clínica. Su trabajo se centra en el acompañamiento de personas y parejas en procesos de autoconocimiento, gestión del deseo, comunicación íntima y vivencias sexuales no normativas. Combina rigor académico con una mirada práctica y contemporánea de la sexualidad adulta, abordando los temas desde la salud, la libertad responsable y el respeto a la diversidad de experiencias.

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