Collar, BDSM

No es un juego, son emociones y sentimientos.

La mayoría de errores y problemas no ocurren durante una sesión. Ocurren antes y después. Especialmente en las primeras experiencias las novatadas se pagan- porque no hablamos de un encuentro aislado, ni un juego improvisado y espontáneo. El inicio de una relación es un proceso que debe ser estructurado y que cuando se hace bien, protege a las personas implicadas pero cuando se hace mal, deja secuelas, traumas e incluso la retirada y alejamiento del BDSM. 

Iniciar una relación implica hablar de responsabilidad, no de fantasías ni erotismo. Y al hacer eso se asume que no entramos en una practica intuitiva: requiere comunicación, acuerdos y un cierre emocional consciente, no sólo hablar de límites y establecer una palabra de seguridad. 

Negociación previa: el verdadero inicio de la escena

Una relación empieza fuera de la mazmorra o el dormitorio. Comienza con una conversación incómoda. La negociación no es una charla ligera ni que se pueda hacer en unas horas, es un proceso que exige reflexión y varias conversaciones. 

En esta fase se definen límites físicos, emocionales y psicológicos. Qué prácticas están permitidas, cuáles prohíbidas y cuáles requieren especial atención. También se habla de experiencias previas, miedos, expectativas, condiciones médicas (físicas y psicológicas) y por supuesto de deseos y fetiches. 

Uno de los errores más comunes en principiantes es creer que estas conversaciones rompen la magia, pero en realidad es todo lo contrario: la crea. Saber que se hará y qué no, tener la seguridad y las bases establecidas reduce la ansiedad, evita malentendidos y permite disfrutar y gozar de una primera experiencia más intensa y segura. Es andar con seguridad y firmeza. 

La falta de negociación, no es espontaneidad: es irresponsabilidad. 

Consentimiento informado: más allá del “sí”.

En el BDSM, el CONSENTIMIENTO no es genérico y mucho menos permanente. Es específico, reversible y contextual. Consentir una práctica -del tipo que sea- no implica consentir todas ni consentirlas siempre: permitir hoy, no obliga a permitir mañana. 

Y eso es por algo muy simple, las condiciones físicas, emocionales y psicológicas no son siempre las mismas. No todos los días estamos de igual manera: un mal día lo tiene todo el mundo. 

Al iniciar la relación el consentimiento tiene que ser especialmente claro. Las personas que se inician en una relación -ambos roles- necesitan saber qué sensaciones pueden aparecer y como se reacciona ante ellas: dolor, miedo, vulnerabilidad emocional, respuestas fisiológicas. No se trata de asustar, sino de preparar. 

Muchas experiencias negativas no vienen del acto en sí: sino de no haber anticipado cómo nos podíamos sentir después. 

La palabra de seguridad: una herramienta, no un fracaso.

La palabra de seguridad es uno de los pilares del BDSM y de las relaciones. Es una señal que previamente se ha acordado y que detiene o modifica la escena de inmediato. No es algo para discutir, cuestionar y mucho menos para ignorar. 

Es necesario elegir una palabra sin carga erótica y qué no se pueda confundir con gemidos o expresiones propias de un momento de excitación. Se suele utilizar un sistema de colores (verde, amarillo y rojo) como si fuera un semaforo, también se pueden utilizar palabras neutras: lo importante es que se recuerden, que no lleven a equivocación y que sean cortas. 

Hay que entender esto: usar la palabra de seguridad no significa fallar. Significa  que todo lo hablado funciona, que hay confianza y paradójicamente, saber que existe permite a muchas personas no necesitarla. 

Durante la sesión: observación y ajuste constante. 

Algo que cada vez que se sesiona hay que hacer es que la atención del rol Dominante no se centre exclusivamente en “ejecutar” una practica, sino en leer a la otra persona. Cambios en la respiración, rigidez muscular, micro gestos y expresiones, silencio excesivo o desconexión emocional son señales que requieren parar y hablar ajustando y viendo si es necesario o no continuar, sin miedos y sin que eso suponga nada grave. 

La intensidad no es el objetivo, es la presencia. Que los participantes se sientan seguros, que tengan la seguridad necesaria para disfrutar y gozar.

Pensar que parar o bajar la intensidad arruina la sesión es un grave error, en realidad la fortalece. El control y el Dominio real incluye la capacidad de detenerse.

Aftercare: el cierre que determina el recuerdo

EL aftercare (cuidado posterior) es una fase crítica, especialmente en iniciaciones. Tras una escena BDSM, el cuerpo puede experimentar bajadas hormonales, temblores, cansancio o emociones intensas: es normal. 

Un cierre adecuado incluye contacto físico, abrigo, hidratación, palabras de contención y sobre todo presencia. No se abandona emocionalmente a alguien después de haberlo llevado a un estado vulnerable. 

Muchas malas experiencias no se recuerdan por lo que ocurrió en la sesión, sino por lo que pasó después: silencio, frialdad o desconexión. 

Pero no olvidemos que esto va más allá de esas caricias, de esas palabras, de esos cuidados posteriores. Hay que continuar al día siguiente, a la semana siguiente, hay que hablar, enviar un mensaje, revisar las sensaciones, validad las emociones y por supuesto: hablar. Esto permite aprender, corregir y decidir si se quiere continuar o no. 

El objetivo no es acumular sesiones, es construir confianza, y la confianza no se improvisa: se trabaja. 

Un primer encuentro bien hecho, no necesita dramatismos ni extremos. Necesita bases, comunicación y respeto por ambas partes. 

El BDSM no es peligroso: lo es la ignorancia. 

Quién entiende esto, no presume de intensidad, y eso marca la diferencia. 

Hay quien cree que una primera sesión debe ser suave, casi simbólica y quienes creen lo contrario, que se tienen que llevar al extremo, casi rozando los límites. Ambos son errores. 

Nadie tiene que demostrar nada, la negociación no mata el erotismo, lo destila.

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